Bajo de San Isidro: un polo gastronómico en pleno crecimiento

Con una impronta ribereña, rústica y hippie chic, las propuestas gastronómicas del Bajo se concentran en unas quince cuadras. De precios accesibles y platos simples, a las clásicas parrillas y marisquerías, en los últimos años se sumaron pizzerías, restoranes de comida italiana, fusión étnica y los conocidos food trucks.

Foto: Florencia Gómez

Cuando se piensa en San Isidro como destino gastronómico no solo aparece el circuito de Dardo Rocha o el de Avenida Libertador, con sus restaurantes de precios selectos, valet parkings y cierta opulencia. Bajando las barrancas que dan al río, por las calles Perú, Roque Saénz Peña o Primera Junta, existe un polo distinto y en pleno crecimiento.

El Bajo consta de 20 manzanas, hace una década todavía era un lugar de casas humildes e inundable. Hoy, las ofertas gastronómicas rondan en 45, desde Paraná hasta Uruguay.

En los últimos años se produjo la gran metamorfosis. Lo hicieron su hogar parejas de profesionales jóvenes, llegaron los locales de diseño de indumentaria y de muebles, se instalaron 55 talleres de artistas plásticos y se creó un ambiente entre bohemio y hippie chic.

La estética de los negocios es la de antiguas casonas recicladas o directamente casas de familia más modernas convertidas en restoranes. Todavía conserva el clásico estilo del Bajo sanisidrense de veredas con sauces, mesas con velitas, con un espíritu náutico, bohemio y relajado. Lo más importante de todo, son gentiles con el paladar y tienen precios relativamente accesibles.

polo2Foto: HornoBar, Roque Sáenz Peña 1004.

“La gran diferencia del Bajo de San Isidro con otros polos gastronómicos es que la mayoría de los dueños no somos empresarios, somos vecinos que vivimos en el barrio desde hace muchos años y nos hicimos emprendedores por esas cosas de la vida. Bajo es aire libre, río, y naturaleza”, expresó el chef, director de Rent A Chef, Salón del Bajo y Restaurant Austria, Diego García Tedesco.

Por fin de semana, sólo los restoranes del triángulo del Bajo atraen a unos tres mil clientes.

“Los emprendedores de Bajo entendimos que teníamos que dejar de ser competencia para pasar a ser colegas. Eso es poco usual en la Argentina donde cada uno cuida su huertita, y en el rubro culinario sobretodo”, agregó García Tedesco.

“Los emprendedores de Bajo entendimos que teníamos que dejar de ser competencia para pasar a ser colegas”.

Desde el barro

El Bajo de San Isidro es un barrio que se hizo desde el barro. En 1992 fue inaugurada una obra de 4.500 metros de largo que dio fin a las inundaciones que golpeaban al barrio en cada crecida del río.

En aquel momento la oferta gastronómica no iba más allá de un par de parrillas, muy visitadas por los navegantes que se acercaban al río los fines de semana. Pero cuando dejó de inundarse, su carácter empezó a cambiar. Se convirtió en un barrio de clase media y se pobló de artistas.

Hoy, cuenta con más de treinta talleres y una vez al año todos ellos abren las puertas en un festival que justamente bautizaron Puertas del Bajo. Iniciativa que luego motorizaría el gran festival gastronómico Bocas Abiertas, con cenas temáticas, reconocidos chef, música y más de 30 puestos de comida en el Centro Municipal de Exposiciones.

“Los espacios del Bajo tienen mucho carácter y eso tiene que ver con la gente que lo maneja que están ahí. No son cadenas de comidas, le imprimen a sus espacios una impronta personal, ese intangible es lo que los hace tan valiosos, porque son a la vez emprendedores sociales, buenos cocineros y vecinos”, comentó a QuePasa la subsecretaria de Cultura de San Isidro, Eleonora Jaureguiberry.

Un buen ejemplo de la estética bohemia y ribereña es La Anita y La Dorita, que ya podría conside­rarse clásicos de la zona. También hace diez años abrió Lo de Nacho, en Roque Sáenz Peña 1061, donde la indiscutida es la pizza a la parrilla. Entre El puesto de Fabio y Lo de Facu se pueden encontrar las mejores hamburguesas y comida al paso.

¿Un Bajo palermitano?

Entre las propuestas más modernas se encuentra Raval Warehouse, ubicado en Tiscornia 935, mantiene una estética entre surfer y blusera. En el piso de arriba funciona una galería de arte con muestras todos los meses. Se conjuga con espacios de decoración de vanguardia como Galpón Chic, en Primera Junta 1118. Un astillero naval reciclado que ahora exhibe y vende muebles de autor y accesorios de decoración. Y un poco más lejos se encuentra la tradicional Feria de Anticuarios de Perú y Juan Díaz de Solís.

“La oferta gastronómica del Bajo de San Isidro no es tan parecida a Palermo, lo que hay es un espíritu palermitano en el sentido de un calle ocupada por vecinos emprendedores, lo definiría con un marcado estilo ribereño”, agregó la representante del área de Cultura del Municipio.

Con su identidad bohemia y ribereña intacta, el Bajo de San Isidro se transformó en una propuesta gastronómica y cultural cada vez más frecuentada por los vecinos de la zona norte que buscan un espacio distendido a la vera del río.

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