Este jueves, en Tigre centro se inauguró el Espacio para la Memoria Padre “Pancho” Soares en el predio de la Parroquia Nuestra Señora de Carupá. El lugar, desarrollado en un trabajo conjunto entre el Municipio, la comunidad y la empresa Brickell, posee una muestra de diferentes objetos que pertenecieron al sacerdote y estará destinado a la recordación de su trabajo y memoria. El encuentro contó con una misa presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor Ojea, y el padre Néstor Cruz “Nepi” García, y participaron el intendente Julio Zamora y la concejal Gisela Zamora.
El acto inició con una sentida introducción del párroco de la capilla, Jorge Marenco, en compañía de Monseñor Oscar Ojea y el padre Néstor Cruz “Nepi” García. A continuación se realizó una pequeña celebración religiosa, se plantó un lapacho y se descubrió una placa conmemorativa. Finalmente, el intendente Julio Zamora compartió unas palabras con los presentes y realizó el corte de cinta acompañado por Daniel Szylder, presidente de la empresa BRICKELL, y Fernando Mantelli, actual presidente del HCD de Tigre.
El Municipio contribuyó con la reconstrucción y el mantenimiento de los objetos que se encuentran exhibidos en el espacio, como la cama de descanso del sacerdote, una máquina de escribir en la que solía traducir textos de otros idiomas, archivo fotográfico y periodístico de su trabajo, instrumentos musicales que pertenecían a su familia, entre otros. También, la gestión local ofició como nexo entre los diferentes sectores de la comunidad para converger en la realización de este proyecto.
Pancho Soares fue un cura, miembro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, quien tenía un rol destacado por su apoyo activo a su comunidad y a los trabajadores de la misma. Fue asesinado por la última dictadura militar en el año 1976 tras denunciar penalmente los secuestros y apremios ilegales que sufrían los obreros.

“Este es uno de los hitos en materia de Derechos Humanos de la gestión municipal de Tigre. Creamos este espacio para la memoria del Padre 'Pancho' Soares, un hombre muy comprometido con su comunidad, con los trabajadores de la zona; realmente es un día muy emocionante. Junto al Padre Jorge Marenco y Monseñor Oscar Ojea dimos un paso muy lindo, esperamos que este lugar sea de recuerdo y también un espacio donde los vecinos se encuentren para conversar sobre el barrio”, manifestó Zamora tras el encuentro.
Gisela Zamora, por su parte, expresó que "se trata de un lugar para reflexionar, pensar y recordar a ‘Pancho’ Soares. Estamos acá para homenajearlo y para que las generaciones futuras tengan la oportunidad de conocer a este hombre y sus valores, pensando también en lo que viene, en cuáles son las premisas que tenemos que mantener y cuáles aquellas cosas que no tienen que volver a pasar nunca más”.
En este sentido, la subsecretaria de Derechos Humanos y Juventud, Natalia Reynoso, expresó: “Todos estos objetos, que fueron resguardados durante muchísimo tiempo por la memoria del pueblo, hoy encuentran un espacio; más allá de que no será un museo sino un lugar para la reflexión y la memoria y, fundamentalmente, para recuperar aquello en lo que el padre ‘Pancho’ trabajó tanto. La comunidad siempre lo tuvo en su historia y, a partir de la parroquia que también solicitó la recuperación de la capilla histórica en la cual él daba las misas, al no poder ser trasladada, terminamos gestando este espacio emplazado en la misma comunidad en que este hombre fue asesinado por la última dictadura militar”.

La vida y obra de Pancho Soares
Soares, que nació en San Pablo, Brasil, el 27 de mayo del 1921, hizo los votos perpetuos en la Congregación de los Asuncionistas en Francia, y volvió a América en 1945, precisamente a Argentina, donde terminó sus estudios teológicos y el 8 de julio de ese año se ordenó sacerdote.
Tras un breve paso por Francia y luego por Chile, Soares comenzó a abrigar el sueño de vivir en un barrio pobre para comenzar una “misión obrera”.
En 1963 pasó a formar parte del Obispado de San Isidro, para dedicar su vida y su ministerio a los pobres en San Fernando y Tigre, donde terminó viviendo en una casilla de madera al lado de una capilla.
Su sueño era estar entre los pobres y por ese motivo se dedicó a realizar trabajos de zapatero, se empleó en comercios, hizo traducciones al francés y más tarde se unió a la cooperativa de mosaicos Juan XXIII, en la cual llegaron a trabajar unas 30 personas.
Como sacerdote firmó la carta adhesión que realizaron curas argentinos al “Manifiesto de los 18 obispos del Tercer Mundo”, escrito que dio origen al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en Argentina. Su compromiso político lo llevó a estar cerca de jóvenes de la Juventud Peronista y de delegados navales de los astilleros Astarsa y Mestrina.
A pesar de provenir de una orden contemplativa, denunció penalmente los secuestros y apremios ilegales que sufrían los obreros.
El 8 de febrero de 1976, el sacerdote rezó el responso por dos obreros de su comunidad que fueron hallados en un descampado de Moreno, y cinco días después, en la madrugada del 13 de febrero lo mataron e hirieron a su hermano, quien murió el 1 de mayo de ese año.