Alma, la nena baleada en un intento de asalto en Villa La Rana se recupera y ya se encuentra con su familia

Le dieron el alta días atrás, luego de casi 20 días de estar internada. Marcos Yulitta, padre de la menor, cuenta su testimonio sobre lo sucedido: el proceso de la familia, el de Alma, y lo queda por delante.

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El viernes 9 de noviembre fue un día fatídico para la familia de Alma. La niña de 4 años se encontraba con su madre en el auto, cuando el GPS erróneamente las metió en el interior de Villa La Rana, en San Martín. Allí, sufrieron un intento de robo que terminó con la pequeña herida gravemente de bala, tras recibir un disparo de uno de los asaltantes, en la desesperación de su madre por huir de la situación.

Allí comenzó el calvario que ahora Marcos, padre de la menor, puede contar con algo más de tranquilidad, ya que luego de ser intervenida quirúrgicamente de urgencia y estar internada casi 20 días, Alma ya está en su casa.

“En el momento en el que Jimena, la mamá de Alma, me llamó y me dijo que le habían disparado me desarmé”, cuenta Marcos en una entrevista radial con Que Pasa, y recuerda que fue hacia el Hospital Belgrano: “Fue un momento muy crítico, no sabía con qué panorama me iba a encontrar. Me rehusaba a creerlo, no se sabía qué esperar. Del viernes 9 de noviembre, al lunes o martes de la semana siguiente fue un calvario. No sabíamos qué iba a pasar con Alma”, expresó.

A la nena de 4 años la operaron en el Hospital Belgrano de urgencia, y luego fue trasladada al Sanatorio Anchorena, donde permaneció hasta el miércoles 27 de noviembre, cuando fue dada de alta.

“Ahora le están haciendo un montón de estudios porque el proyectil quedó alojado en el hígado”, cuenta Marcos sobre el estado de salud de su hija, y explica que queda un tratamiento por delante de rehabilitación psicológica y de kinesiología. “Lo está procesando muy bien, tiene mucha capacidad de recuperación tanto física como psicológica”, cuenta.

En relación al proceso que pasaron ellos como adultos y padres de la menor, dice: “Es muy duro, es terrible. Si bien por mi trabajo, veo situaciones desagradables, la verdad que nunca se está preparado para que esta situación le pase a su hijo, y a uno como padre. Es imposible saber cómo reaccionar. En ningún momento pude observar la situación desde otra perspectiva que no fuese la de padre”, sostiene Marcos, que se desempeña en la Policía de la Ciudad.

Lo de Alma fue una cuestión milagrosa. Hacíamos turnos de 6 horas con Jimena porque éramos los únicos que podíamos estar en la sala de terapia intensiva. Un día me fui a las 8 de la mañana, y ella quedó acostada, llena de tubos, y cuando volví a las dos de la tarde me la encontré sentada en una silla tomando un helado”, rememora. A partir de ese momento, que empezó a evolucionar, fueron los últimos 5 días que estuvo internada.

En relación a los presuntos autores del hecho, que fueron detenidos horas después del ataque al automóvil, dijo: “En un momento me hablaron de la fiscalía, por la situación en cuanto a lo legal. Y realmente no me importaba si los agarraban o no lo agarraban, si los metían presos o no. Lo único que necesitaba era saber que mi hija estaba bien. No siento ni rencor, ni odio ni bronca. Fue tan crítico esto, y es tan grato poder tener a mi hija con nosotros de nuevo, que todo lo demás queda reducido a la nada.

“No podía evitar pensar qué pasaba si me tenía que enterar de lo peor, que mi hija no hubiese resistido. No se qué sería de mi vida, no se cómo hubiese podido seguir adelante”, cierra Marcos, y agradece “a la persona, que no tuve oportunidad de conocer, que sacó a mi hija de Villa La Rana y la llevó en el auto al Hospital Belgrano, que si no hubiera sido por esa persona, quizás mi hija hubiera quedado ahí”, a los médicos que la operaron de urgencia, al equipo médico del Sanatorio Anchorena, a la familia, y al personal de Policía de la Ciudad que nos ayudaron con todos los medios. “Todos ellos hicieron que uno se sintiera un poco más seguro y más contenido”.